Meditación Guiada: Soltar la Prisa

Bienvenida a este espacio de calma.

En un mundo que nos empuja constantemente a la prisa, hoy nos regalamos unos momentos para desacelerar, para respirar con intención y recordar que la vida sucede en el presente. Encuentra una postura cómoda, ya sea sentada o acostada. Cierra los ojos suavemente y deja que tu cuerpo se acomode en un estado de relajación natural.

Comienza tomando una inhalación profunda por la nariz… siente cómo el aire llena tu cuerpo con calma y claridad… y al exhalar por la boca, suelta cualquier tensión, cualquier urgencia.

Repite este ciclo unas cuantas veces. Con cada inhalación, siente cómo el tiempo se expande, cómo cada segundo se vuelve más amplio. Con cada exhalación, deja ir la sensación de apuro, de necesidad de hacer más y más.

Lleva ahora tu atención a tu cuerpo. ¿Dónde sientes la prisa? Tal vez en tu mandíbula, en tus hombros, en tu pecho… Observa esas zonas sin juicio, simplemente notando la sensación.

Ahora, con cada exhalación, imagina que estás soltando el peso de la urgencia. Permite que tu cuerpo se suavice, que cada músculo se relaje poco a poco.

Imagina que estás caminando por un sendero tranquilo, rodeado/a de naturaleza. No hay destino, solo el placer de caminar, de sentir cada paso sobre la tierra. La brisa acaricia tu rostro, el sol calienta tu piel, y todo a tu alrededor está en armonía.

A medida que caminas, observas un río de aguas serenas a tu lado. Su corriente es lenta y constante, reflejando la luz del sol en suaves destellos. Te detienes junto a él y contemplas su flujo tranquilo. Tomas una piedra lisa en tus manos, imaginando que representa la prisa que llevabas contigo. Sientes su peso, su textura… y con un gesto suave, la dejas caer al agua. Observas cómo se hunde lentamente, cómo las ondas que genera se expanden con calma.

El agua sigue fluyendo sin apuro, y tú también. Sientes que, al soltar la piedra, también has soltado la necesidad de correr, de llegar a algún lugar. Eres parte del ritmo natural del mundo, donde todo tiene su tiempo perfecto.

Ahora, repite en tu mente con suavidad:

El tiempo es suficiente. No necesito correr. Estoy presente aquí y ahora.

Siente cómo estas palabras se integran en cada célula de tu cuerpo. Imagina que una cálida luz dorada se expande desde tu pecho, envolviéndote en una sensación de serenidad profunda. Esta luz se convierte en un refugio dentro de ti, un recordatorio de que puedes acceder a esta calma en cualquier momento del día.

Respira profundamente y siente cómo la quietud se ancla en tu ser, como una semilla que crecerá con cada respiración consciente.

Poco a poco, comienza a traer tu atención de vuelta al presente. Percibe los sonidos a tu alrededor, la temperatura del aire, el contacto de tu cuerpo con la superficie donde descansas.

Mueve suavemente los dedos de tus manos y pies, sintiendo cómo la energía regresa a tu cuerpo con serenidad.

Cuando estés lista, abre los ojos con suavidad, sabiendo que puedes llevar contigo esta sensación de tranquilidad a lo largo del día.

Recuerda que la prisa es solo una ilusión. La vida sucede aquí y ahora, en cada instante.

Confía en tu propio ritmo y permítete disfrutar cada momento.

Namasté.

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